El día que se me olvidó respirar


Hace unas semanas un amigo de muchos años me habló porque estaba buscando a un comunicólogo experimentado que pudiera formar parte de un panel de periodismo sobre cómo equilibrar la vida familiar y el trabajo.

Estaba buscando a alguien que dominara los ritmos frenéticos de la vida moderna de la misma forma que un torero domina a un toro con 20 espadas clavadas en la espalda; alguien que tuviera la varita mágica de la organización y manejo del tiempo y que pudiera compartir su magia con periodistas que trabajan horas largas en una industria estresante y abatida por los cambios tecnológicos.

Puedo entender por qué pensó en mí.

Cualquiera que me conoce sabe que soy una persona que le gusta estar metida en varios proyectos al mismo tiempo. Tanto que a veces bromeo que como resultado tengo el mismo número de trabajos que niñas: tres. Además de escribir esta columna, trabajo en una agencia de comunicación y a veces hago proyectos especiales para clientes y amigos.

Sí, a lo largo de los años mi personalidad inquieta me ha obligado a ser disciplinado con el tiempo para así cumplir con el sinfín de responsabilidades de ser padre y profesionista: llevar a las niñas al médico de un momento a otro y entregar los proyectos a tiempo; leerles historias antes de dormir y contestar correos en la noche; bañarlas, preparar el desayuno y llegar a tiempo al trabajo; pasar tiempo con mi esposa, hacer ejercicio, leer, ver televisión, salir con los cuates, tocar la guitarra, visitar a la familia, etcétera. La lista nunca termina.

De hecho el otro día le platicaba a una colega que estaba leyendo un libro muy bueno, y antes de que continuara platicándole me interrumpió, sorprendida: “¿Un libro? ¿A qué hora tienes tiempo de leer un libro?”

Aparentemente he encontrado la manera de equilibrar la vida familiar y el trabajo. Uno de mis secretos es usar la tecnología para ayudarme a organizar mi trabajo y mis proyectos, algo que pienso compartir en el panel.

El otro día, sin embargo, tuve una revelación.

Estaba sentado trabajando en la computadora, en la misma posición por varias horas, cuando sentí una sensación extraña en el pecho, como si me faltara aire. Dejé el teclado y puse atención a mi cuerpo. Estaba duro como una roca, lleno de tensión y estrés. Respiré profundamente y mientras mis pulmones se expandían, sentí que mi pecho tronaba, como si las costillas tuvieran 100 años sin moverse.

En mi obsesión por hacer todo había olvidado respirar. Había olvidado tomar un descanso.

Hace años leí un libro sobre la meditación, y sobre lo importante que es la respiración en la salud del cuerpo y la mente. El libro hablaba sobre cómo a veces hacemos y pensamos en tantas cosas al mismo tiempo que nunca estamos presentes en lo que estamos haciendo en este momento.

Y es cierto. Nuestra mente, con su torrente incesante de pensamientos, nos lleva a lugares distantes que nos alejan del presente, nos causan estrés y hacen que nuestros cuerpos sean tan duros como una estatua de roca.

Me di cuenta que cuando hago el desayuno a mis hijas mi mente generalmente ya está en el trabajo. Si estoy trabajando en un proyecto en la oficina ya estoy pensando en el siguiente email que debo mandar. Si estoy cenando con mi familia ya estoy pensando en acostar a las niñas, y cuando las estoy acostando estoy pensando en el trabajo que voy a hacer en la noche.

Desde que recobre conciencia de esto he estado tratando de vivir el presente de una manera más consciente. Ahora cuando lavo los platos solo quiero pensar en lavar los platos. Cuando manejo mi auto solo quiero pensar en manejar mi auto. Cuando cene con mi familia solo quiero pensar en mi familia. Cuando saque a pasear al perro solo quiero pensar en pasear al perro. Cuando respire conscientemente solo quiero respirar y no pensar en nada. O por lo menos intentaré hacer las cosas así.

El próximo mes cuando me toque hablar con mis colegas periodistas les diré que no vale la pena matarse intentando hacer todo si uno no disfruta el presente. Mi consejo será muy sencillo: No se les olvide respirar.

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Un comentario en “El día que se me olvidó respirar

  1. Me identifiqué tanto con tu articulo! Haz de cuenta que me estabas describiendo. Muy interesante y retador. Yo me veo tambien pensando el lo que tengo que hacer mientras estoy haciendo lo presente. Me hiciste crear conciencia de como tengo que parar a disfrutar los momentos aunque sean de trabajo o cualquier otra situación en mi vida. Tengo que recordar respirar!
    Muy buen articulo! Felicidades!
    Yolanda Tamés de Soto

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